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Logística, cultura y la trampa de lo conocido

Logística, cultura y la trampa de lo conocido

Texto por Diego A. Righentini¹

 

La logística no es sólo el movimiento de bienes: es la forma en que una sociedad organiza
su tiempo, su energía y su capacidad para sobrevivir y evolucionar. Es una arquitectura
silenciosa, profundamente influida por las decisiones humanas, pero también por algo más:
por patrones antiguos que muchas veces siguen operando sin ser cuestionados.

Así como en la cultura esperamos la cooperación de un Líder para encontrar estrategias
satisfactorias, en logística muchas veces se espera una solución milagrosa —una
tecnología, una infraestructura, una política— que resuelva todo, sin cambiar
verdaderamente los supuestos de base. Es el mismo patrón: la esperanza de que algo
externo nos saque del caos, sin asumir que el problema es sistémico, estructural, cultural.

En este punto, la reflexión se vuelve crítica:

– ¿La logística que usamos hoy está diseñada desde una conciencia verdaderamente actualizada, adaptada a las necesidades y tecnologías del presente?
– ¿O seguimos operando con sistemas heredados de contextos antiguos, donde la eficiencia era lineal, la información lenta, y los recursos se consideraban infinitos?

La paradoja es evidente: mientras la inteligencia artificial, los sensores, la automatización y
la interconexión global nos permiten pensar en una logística orgánica, fluida y con mínima
fricción, muchas decisiones se siguen tomando con una mentalidad del siglo pasado. La
cultura empresarial, estatal o académica no ha terminado de adaptarse a lo que la
tecnología ya hace posible. Y eso genera un cortocircuito evolutivo.

La logística, en ese sentido, podría pensarse como un espejo: refleja tanto nuestra
capacidad de adaptación como nuestras resistencias más profundas. Tal como ocurre con la
cultura, a veces nos aferramos a estructuras que nos dieron respuestas en otro tiempo, pero
que hoy sólo sirven para evitar el cambio.

> Quizás el gran desafío logístico de este siglo no sea mover mercancías más rápido o más
> barato, sino reconfigurar nuestras estrategias culturales: entender que no hay progreso si
> las soluciones no son integrales, si no responden a una conciencia más despierta, menos
> programada, y más libre de repetir patrones que ya no nos sirven.

Porque, al fin y al cabo, la logística también es una forma de pensamiento. Y si ese
pensamiento no evoluciona, sólo estaremos llevando el mismo problema de un lugar a otro,
cada vez más rápido.

 


 

1- Licenciado en Gestòn aeroportuaria, Despachante de Aeronaves y Curso de Posgrado de
Logística en el Comercio Internacional por la Universidad Provincial de Ezeiza. – Maestrando en Maestrando Internacional en Tecnologías de los Alimentos en Universidad de
Buenos Aires (MITA-UBA), cursando la Especialización en Procesamiento y Gestión de
Agroalimentos y Bebidas en Facultad de Agronomìa (FAUBA). – Estudiante de Ing. en Alimentos e Ing. en Transporte en la Universidad Nacional de San Martín
(UNSAM).