A continuacion se comparte un analisis de intercambio con Jorge Metz sobre situaciones del transporte fluvial

La logística y el transporte no son meros costos operativos; son el sistema circulatorio de la producción argentina. Promover la competitividad económica exige una política de Estado integrada que trascienda la coyuntura y las recetas simplistas de desregulación a ciegas.
La discusión sobre el transporte fluvial expone una fisura central: la distancia entre el dogmatismo de escritorio y la realidad del territorio.
Pretender resolver la complejidad de las vías navegables mirando únicamente lo que pasa en un escritorio o buscando una «desregulación instantánea» es un peligro estratégico. En el río, las corrientes, los calados y las maniobras no son trabas burocráticas: son variables físicas que exigen conocimiento técnico y seguridad operativa.
Tres definiciones clave para el debate político:
- La física no se desregula por decreto: La confuccion que genera entender exigencias de seguridad náutica con trámites innecesarios no es modernizar, es improvisar. El voluntarismo de escritorio nos expone a colapsos operativos e incidentes irreparables dado que estas situaciones se deben manejar con actores que tiendan el terrerno logistico.
- Soberanía vs. Vacío geopolítico: Cuando el estado renuncia a definir una política fluvial y de Marina Mercante clara, el espacio lo ocupan los intereses de armadores y países extranjeros. Argentina no puede ser un espectador que administra decisiones ajenas en sus propios ríos.
- La trampa de la «falsa eficiencia»: Eliminar abusos o costos irregulares es necesario, pero jamás a costa de la seguridad. Un costo comercial se renegocia; un siniestro en la vía navegable no tiene marcha atrás.
La eficiencia logística real exige un plan federal con rigor técnico, soberanía y presencia en el terreno. Bajar costos sin conocimiento operativo no es modernización: es transferencia de riesgos y entrega de la producción nacional.