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Más allá del delivery: el desafío de integrar drones a la logística de última milla

Por Hernán Disanto 19 de octubre de 2026
Más allá del delivery: el desafío de integrar drones a la logística de última milla

De la experimentación tecnológica a la operación logística: los drones comienzan a ser evaluados como una alternativa para determinados segmentos del transporte de mercancías. El desafío ya no es solamente volar, sino demostrar que pueden integrarse de manera segura, eficiente y sustentable a una cadena de suministro real.

Durante años, hablar de drones aplicados al transporte de mercancías parecía pertenecer más al terreno de la innovación tecnológica que al de la logística cotidiana. Imágenes de aeronaves no tripuladas trasladando pequeños paquetes podían despertar interés, pero todavía quedaba una distancia considerable entre esa posibilidad y una operación integrada a una red de distribución.

Lo novedoso, esa distancia comienza a reducirse.

La evolución tecnológica, sumada a nuevos marcos regulatorios y a la experiencia acumulada mediante pruebas experimentales, permite empezar a formular una pregunta diferente: ¿en qué operaciones concretas los drones pueden aportar valor a la logística de última milla?

La pregunta es importante porque probablemente el futuro no pase por reemplazar los vehículos tradicionales de distribución, sino por incorporar un nuevo modo de transporte dentro de redes logísticas cada vez más diversificadas.

La última milla busca nuevas respuestas

La distribución urbana concentra algunos de los mayores desafíos de la cadena de suministro.

Congestión, restricciones de circulación, tiempos de entrega cada vez más exigentes, necesidad de trazabilidad, crecimiento del comercio electrónico y demanda de entregas urgentes obligan a revisar permanentemente los modelos tradicionales, pero no todos los envíos tienen las mismas características.

Una entrega de bajo peso y alta urgencia puede tener un valor logístico muy diferente al de una operación de distribución masiva. Un medicamento, un repuesto crítico, un insumo médico o una mercadería que necesita llegar rápidamente a un determinado punto pueden justificar soluciones distintas de las utilizadas para una distribución convencional.

Es precisamente en esos nichos donde el transporte aéreo mediante aeronaves no tripuladas puede encontrar algunas de sus primeras aplicaciones.

Por eso, hablar simplemente de “delivery con drones” puede resultar demasiado limitado.

El verdadero desafío es pensar al drone como un componente más de una red logística multimodal.

Del drone como tecnología al drone como operación

El cambio conceptual es relevante.

La pregunta ya no debería ser solamente si un drone puede transportar una carga desde un punto A hasta un punto B. La verdadera pregunta logística es si puede hacerlo formando parte de un proceso completo.

Eso implica considerar qué sucede antes y después del vuelo.

¿Cómo se prepara el pedido?

¿Dónde se consolida?

¿Cómo se realiza la carga?

¿Quién controla la operación?

¿Qué ocurre si las condiciones meteorológicas cambian?

¿Cómo se gestiona una contingencia?

¿Cómo se garantiza la trazabilidad?

¿Cómo se integra la información con los sistemas de gestión logística?

¿Y cuál es finalmente el costo por entrega?

Como primer y gran referente de la actividad de instrucción, experimentación e implementación de esta tecnología, la experiencia desarrollada en Argentina por DronesVIP resulta interesante precisamente porque se ha concentrado durante años no solamente en la tecnología, sino también en la experimentación, la evaluación de operaciones, el desarrollo de procedimientos y la interacción con las autoridades correspondientes.

Ese aspecto puede parecer menos visible que las características técnicas de una aeronave, pero probablemente sea uno de los factores más importantes para que una tecnología emergente pueda convertirse algún día en una solución logística.

Experimentar antes de escalar

En agosto de 2026, la Ciudad de Buenos Aires estableció un procedimiento específico para la realización de pruebas experimentales con RPA/RPAS dentro de su jurisdicción.

El nuevo marco contempla requisitos para estas operaciones y reconoce, entre otros conceptos, las operaciones BVLOS —Beyond Visual Line of Sight—, en las cuales el piloto no mantiene contacto visual directo con la aeronave.

Las pruebas requieren autorizaciones y coordinación con los organismos correspondientes, además de desarrollarse bajo las áreas, días, horarios y condiciones meteorológicas aprobadas. También se contempla la participación de personal certificado, documentación específica, seguros y coordinación con el sistema de navegación aérea.

Esto marca una diferencia sustancial respecto de la imagen simplificada de un drone realizando una entrega.

La operación logística aérea exige procedimientos, planificación, comunicación, gestión de riesgos y capacidad de respuesta ante situaciones no previstas.

En otras palabras: antes de pensar en escalar, hay que aprender a operar.

Martin Ruben Martin CEO de Drones Vip nos cuenta que la empresa viene impulsando desde hace años pruebas y demostraciones vinculadas al transporte aéreo mediante drones, trabajando sobre la tecnología, pero también sobre el aspecto que muchas veces resulta menos visible: la construcción de procedimientos y la interacción con las autoridades aeronáuticas.

Cada solicitud de autorización, cada demostración y cada operación coordinada con los organismos correspondientes contribuye a generar experiencia sobre cómo llevar una tecnología emergente al terreno de las operaciones reales.

El verdadero laboratorio está en la operación

Una prueba experimental tiene un valor que va mucho más allá de demostrar que una aeronave puede volar.

Permite obtener información sobre aspectos que difícilmente pueden conocerse solamente mediante simulaciones: confiabilidad de los sistemas, comunicaciones, comportamiento de la aeronave, interacción con el entorno urbano, procedimientos operativos, contingencias, riesgos y eficiencia.

Por eso, la experimentación constituye una etapa fundamental.

El objetivo no debería ser demostrar que los drones son la solución para todo.

Por el contrario, una buena experimentación debería permitir determinar dónde tienen sentido, dónde todavía no y bajo qué condiciones podrían ser competitivos.

Ese conocimiento es el que permite pasar de una innovación tecnológica a una decisión logística.

¿Qué muestran otras experiencias?

Brasil. Es el antecedente regional más cercano y comparte fabricante con las pruebas de DronesVIP. Speedbird Aero obtuvo en 2020 la aprobación de ANAC Brasil para rutas experimentales con iFood, una de ellas BVLOS de unos 1,5 kilómetros. Tras un período de pruebas, la agencia autorizó el uso comercial del DLV-1 NEO en rutas de hasta 3 kilómetros y con cargas de hasta 2,5 kilos. En octubre de 2025 llegó la primera autorización permanente para volar sobre zonas de alto tránsito, y la operación de Sergipe se reanudó y se amplió, con capacidad de hasta 280 pedidos diarios, siete días por semana. En junio de 2026 se sumó una ruta en Alphaville, Gran San Pablo: 3,6 kilómetros en unos cinco minutos, en una zona donde cerca de la mitad de los pedidos era rechazada por los repartidores por la dificultad de acceso. El modelo es multimodal: el dron resuelve el tramo complejo y un repartidor hace la entrega final. Pasaron cinco años entre la primera aprobación y la autorización permanente.

Estados Unidos. Allí la escala llegó con autorizaciones BVLOS otorgadas caso por caso. Wing y Walmart anunciaron en enero de 2026 una red de más de 270 ubicaciones para 2027, Zipline superó los 2 millones de entregas comerciales acumuladas (su operación nació en logística médica en Rwanda) y Walmart informó a Fortune que se acerca a los 2 millones de entregas con drones. La FAA afirma que la primera fase de su programa BEYOND acumuló más de 70.000 vuelos, unos 48.000 de ellos BVLOS, y que esa información servirá para pasar de autorizaciones individuales a estándares generales. Sin embargo, la regla que normalizaría los vuelos BVLOS (Parte 108), propuesta en agosto de 2025, seguía sin publicarse a fines de agosto de 2026. Y hubo tropiezos: Amazon frenó temporalmente su servicio en Arizona luego de que dos drones MK30 chocaran con una grúa en octubre de 2025, con investigaciones de la FAA y de la NTSB. Fortune señala como obstáculos pendientes las aprobaciones, la capacidad y el alcance limitados y las inquietudes de los vecinos por ruido, privacidad y seguridad.

Europa. Manna, la operadora irlandesa que realizó más de 300.000 entregas y opera con un certificado de operador de la EASA, anunció en junio de 2026 que dejaba de operar en Irlanda. Atribuyó la decisión a la falta de un marco nacional claro, que dejó al sector dependiente de los procesos de planificación locales. Poco antes, se le había negado el permiso para una base en Dublín por preocupaciones de ruido. Europa cuenta con herramientas maduras, como la metodología SORA para autorizar operaciones de mayor riesgo y el régimen U-space de gestión del tránsito no tripulado, pero el caso muestra que el límite puede estar en dónde se ubican las bases y cómo lo recibe el vecindario, más que en el espacio aéreo.

¿Qué debería medir una empresa?

Si los drones comienzan a incorporarse a las conversaciones sobre última milla, también deberían cambiar las preguntas con las que se evalúa una operación.

No alcanza con conocer la autonomía de vuelo o la capacidad de carga.

Una evaluación desde la perspectiva logística debería incorporar indicadores como:

  • tiempo total de entrega;
  • costo por envío;
  • costo por kilogramo transportado;
  • porcentaje de entregas exitosas;
  • utilización de la capacidad disponible;
  • tiempo de preparación y despacho;
  • nivel de servicio;
  • trazabilidad;
  • cantidad de reintentos;
  • incidentes y contingencias;
  • disponibilidad de la flota;
  • impacto sobre los kilómetros recorridos por vehículos terrestres.

De esta manera, la discusión deja de ser exclusivamente tecnológica y pasa a ubicarse donde corresponde: en el desempeño de la cadena de suministro.

No se trata de reemplazar al transporte terrestre 

Uno de los errores más frecuentes al analizar nuevas tecnologías de transporte es plantearlas como sustitutos absolutos de las soluciones existentes.

Es poco probable que los drones reemplacen de manera generalizada a los vehículos utilizados actualmente para la distribución urbana.

La oportunidad puede encontrarse en otro lugar.

Una red logística del futuro podría combinar centros de distribución, vehículos eléctricos, motocicletas, bicicletas de carga, lockers, puntos de consolidación y aeronaves no tripuladas, utilizando cada alternativa allí donde resulte más eficiente.

El drone podría ocupar entonces un espacio específico dentro de una arquitectura logística más amplia.

No se trata de reemplazar una tecnología por otra. Se trata de diseñar mejores redes.

Un cambio que empieza antes del primer delivery

La nueva etapa regulatoria en Buenos Aires tampoco significa que exista ya un servicio masivo de distribución de mercancías mediante drones.

El marco establecido permite realizar pruebas experimentales bajo condiciones determinadas. Y ese punto es fundamental: el objetivo de esta etapa es generar evidencia para evaluar la viabilidad futura de nuevas modalidades de transporte.

En este proceso, la experiencia acumulada por quienes vienen trabajando desde hace años adquiere un valor particular.

DronesVIP forma parte de ese recorrido experimental en Argentina, desarrollando pruebas, demostraciones y procedimientos y trabajando sobre la compleja interacción entre tecnología, operación y regulación.

Ese aprendizaje acumulado puede resultar tan importante como la evolución de las propias aeronaves.

Porque las grandes transformaciones logísticas no suelen producirse cuando aparece una tecnología nueva, sino cuando esa tecnología consigue integrarse de manera confiable a una operación existente.

La próxima pregunta no es si los drones pueden volar sobre nuestras ciudades.

La pregunta relevante para la logística es otra:

¿pueden los drones entregar valor?

  • Valor en tiempo.
  • Valor en servicio.
  • Valor económico.
  • Valor ambiental.
  • Y, fundamentalmente, valor para una cadena de suministro que necesita ser cada vez más rápida, flexible, trazable y eficiente.

La experimentación que hoy comienza a desarrollarse bajo marcos formales permitirá responder esas preguntas con datos reales.

El camino hacia el transporte de mercancías mediante drones probablemente no comience con una flota masiva sobrevolando las ciudades.

Comienza mucho antes: con pruebas, procedimientos, autorizaciones, indicadores, análisis de riesgos y conocimiento operativo.

Y ese proceso ya está en marcha.

La última milla del futuro quizás no tenga un único protagonista. Probablemente combine diferentes tecnologías y modos de transporte, seleccionados según las características de cada operación.

Los drones pueden ser uno de ellos.

Pero para saber exactamente cuál será su lugar en la logística, primero habrá que hacer algo mucho más importante que imaginar el futuro:

habrá que probarlo, medirlo y aprender a operarlo.