Cuando hablamos de logística —independientemente de la definición a la que podamos adherir o tomar como referencia—, nos referimos a tres flujos fundamentales: el de información, el físico y el financiero. El objetivo de este artículo es poner el acento en el flujo de información y, más precisamente, en su gestión.
Sumado a esto, resulta oportuno mencionar que existe una regla implícita en la operatoria diaria, con la fuerza del uso y la costumbre, y conocida por todos los actores del sector, que reza: «Lo que no se registra, no se mide, y, por ende, no se gestiona ni se corrige».
Dicho esto, y al margen de si nos referimos a empresas u organizaciones públicas o privadas, con o sin fines de lucro, la pregunta obligada es: ¿quién es responsable de promover e impulsar la «cultura del registro» en ellas?
La respuesta reside en la cultura organizacional, concepto jerárquicamente superior que abarca y sostiene a la primera. Entendemos por cultura organizacional al conjunto de valores, normas, métodos, procesos y comportamientos compartidos que determinan cómo interactúan, trabajan y desempeñan sus roles los miembros de una institución.
Será esta cultura la encargada de proveer y administrar los recursos necesarios para fomentar el hábito del registro, así como de definir qué integrantes deberán ejecutar dicha tarea. Finalmente, consideramos fundamental reconocer y explicitar dentro del organigrama institucional el área, los responsables y el personal a cargo de llevar adelante esta función.
Pablo Jacquet.
Técnico Universitario en Logística. Universidad Nacional de Lanús (UNLa).
Cel 1165298511.